La izquierda, que se considera la garante de la cultura, no tuvo ningún problema a la hora de incendiar casi 90.000 libros

Escrito por Juan E. Pflüger

Aquello de “Arderéis como en el ‘36” que gritaban Rita Maestre y sus amigas mientras asaltaban la capilla de la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, es el reflejo de una vieja tradición de la izquierda española. De la extrema, pero también de la moderada. La Segunda República, esa que nuestros políticos a la izquierda de Ciudadanos venden como el paradigma de las libertades y el respeto, se estrenó pocos días después de su proclamación con ataques a la Iglesia. Durante el Gobierno del Frente Popular, antes de estallar la Guerra Civil, también andaban quemando Iglesias. Luego su afición por la piromanía no se ciñe a los periodos bélicos. No es una cuestión de reacción frente a un alineamiento de la jerarquía eclesiástica con los alzados el 18 de julio.

Las primeras agresiones violentas contra centros religiosos se extendieron por España durante los días 11 y 12 de mayo de 1931. La República se había proclamado menos de un mes antes, el 14 de abril, tras las revueltas posteriores a unas elecciones municipales celebradas el domingo 12 de aquel mes. El día 10 de mayo de aquel 1931 era domingo. Los monárquicos inauguraban la sede del Círculo Monárquico Independiente. La música elegida para la apertura de los actos fue –no podía ser de otra manera- la “Marcha real”. Nada de lo que allí se hizo era ilegal ni contrariaba la legalidad republicana que se estaba constituyendo con el anuncio de que sería una democracia abierta en la que se respetarían todas las ideas políticas. Incluso las monárquicas.

Junto a la sede del Círculo se congregaron varios “convencidos republicanos” que insultaron a los que se encontraban en el interior. En ese momento llegaba un taxi con dos asistentes al evento de los monárquicos que discutieron con el conductor y con varios de los allí presentes. El resultado es que los republicanos empezaron a quemar los coches de los monárquicos que había aparcados en la puerta. Inmediatamente los revoltosos hicieron correr la falsedad de que el taxista había sido asesinado y los manifestantes se dirigieron hacia las oficinas del periódico monárquico ABC. Allí la Guardia Civil tuvo que disparar para evitar un asalto violento de las instalaciones del diario y murieron tres personas.

La respuesta de la muchedumbre fue asaltar un quiosco de venta del periódico El Debate, de inspiración católica, y el incendio de una librería especializada en textos religiosos. Si el incidente se había iniciado por un enfrentamiento entre monárquicos y republicanos ¿Por qué los izquierdistas se lanzan contra los católicos?

No son pocos los autores que señalan que los ataques contra instalaciones católicas estaban preparados y se iban a producir independientemente de la actitud que la Iglesia tomara y este fue el momento que aprovecharon para ponerlos en marcha.

Madrid fue la primera ciudad en verse asolada por una turba que pertenecía a los partidos que formaban parte del Gobierno provisional. Allí estaba la izquierda radical –socialistas, anarquistas y comunistas-, pero también miembros de partidos de la izquierda burguesa como la Acción Republicana de Manuel Azaña, que ocupaba la cartera de Guerra. En Gobernación estaba el único miembro de un partido de derecha moderada de aquel Ejecutivo: Miguel Maura, de Derecha Liberal Republicana, que abogó por sacar la Guardia Civil para frenar los ataques. El propio Azaña se negó, primero el día 10 y luego el 11 de mayo. Fue entonces cuando pronunció aquella frase que se ha hecho célebre: “Todos los conventos de España no valen la vida de un republicano. Si sale la Guardia Civil, yo dimito”.

Los radicales empezaron, ante la inacción del Gobierno, una orgía de incendios en Madrid. Entre la noche del 10 de mayo, todo el día 11 y las primeras horas del 12, momento en el que se declaró el Estado de Guerra en Madrid y se sacó a la Guardia Civil, fueron decenas de centros religiosos los atacados.

Los desmanes empezaron en la residencia de profesos de los Jesuitas de la calle Isabel la Católica, allí se incendió también la capilla adyacente al edificio. La izquierda, que lleva décadas considerándose la garante de la cultura frente a lo que consideran el obscurantismo de la Iglesia, no tuvo ningún problema a la hora de incendiar los casi 90.000 libros de la biblioteca de ese centro de estudios, entre ellos había numerosos incunables y primeras ediciones de miles de títulos clásicos. Después se pasó a incendiar el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), con su biblioteca de 20.000 volúmenes y el Colegio de la Inmaculada. De allí pasaron al Centro de Enseñanza de Artes y Oficios que se encontraba en la calle Areneros y en el que los jesuitas daban formación técnica a hijos de obreros que no podían pagar sus estudios.

También fueron pasto de las llamas en Madrid la Iglesia de los Carmelitas Descalzos en la Plaza de España, el colegio del Sagrado Corazón, el de Nuestra Señora de las Maravillas y su museo de ciencias, el colegio de María Auxiliadora y los conventos de las Mercedarias Descalzas y de las Bernardas de Vallecas. Además, otra docena de edificios se salvaron de las llamas o solamente fueron parcialmente destruidos gracias a la acción de los bomberos o de ciudadanos que lograron parar la acción de los izquierdistas.

La ciudad donde mayores daños causaron los ataques de los republicanos contra edificios religiosos fue Málaga. En la ciudad andaluza los ataques se habían producido desde el mismo momento en el que se proclamó la República: el 14 de abril se incendiaba la Residencia de los Jesuitas y el 15 el Seminario de la ciudad. El 11 de mayo volvieron a asaltar la residencia de los Jesuitas y la residencia del Obispo, que no llegó a ser destruida gracias a la actuación de la Guardia Civil que después fue retirada de las calles por orden del gobernador militar de Málaga, el general Gómez-Caminero, que dejó vía libre a los izquierdistas para que destruyeran durante 24 horas cuantos edificios religiosos quisieran. Así, en Málaga ardieron 42 iglesias y conventos, fueron asesinados seis religiosos, otros 27 resultaron heridos y más de 50 edificios próximos a los incendiados se vieron afectados por el fuego.

En Valencia ardieron seis edificios y fueron asaltados otros seis. En Sevilla, además del colegio de los Jesuitas de Villacís, fueron incendiados otras cinco iglesias y conventos y una docena recibieron ataques. En la provincia de Sevilla también se incendiaron templos en varias localidades como Lora del Río, Alcalá de Guadaíra o Carmona. En Granada se asaltaron dos diarios conservadores y católicos: Gaceta del Sur y El Noticiero Granadino y se incendiaron dos colegios, una iglesia y un convento. En Córdoba ardió el Convento de San Cayetano. En Cádiz y varios pueblos de su provincia fueron destruidos por las llamas 10 iglesias y conventos.

Ya fuera de Andalucía, en Murcia se quemó la Iglesia de la Purísima y los conventos de las Isabelas y las Verónicas, además de las oficinas del diario La Verdad de Murcia. Y en Alicante se incendiaron 15 centros religiosos.

Las reacciones desde los medios de la izquierda fueron más que llamativas. Todas ellas exculpaban a los pirómanos y asesinos –en toda España murieron cerca de 30 personas y más de 100 resultaron heridas de diversa consideración-, pero es especialmente significativo el editorial del diario El Socialista en el que se decía: “La reacción ha visto ya que el pueblo está dispuesto a no tolerar. Han ardido los conventos: esa es la respuesta de la demagogia popular a la demagogia derechista”.

Tras estos incidentes se produjo el ataque legal a los católicos. Se prohibió su actividad docente, lo que llevó a cerrarse miles de colegios en toda España, se expulsó a los Jesuitas y se incautaron sus bienes y se limitó la capacidad de practicar ritos de culto en público.

Durante la revolución de octubre de 1934 en Asturias se incendió la Universidad de Oviedo, parte de la Catedral y la Cámara Santa, el teatro Campoamor y diversos edificios religiosos en los municipios en los que los revolucionarios tuvieron el poder o cierta fuerza como en Gijón, La Felguera o Sama.

En el periodo de Gobierno del Frente Popular, ya en 1936 y antes del alzamiento militar del 18 de julio, los ánimos volvieron a crisparse y la deriva revolucionaria del nuevo Ejecutivo permitió que se retomasen los desmanes. Durante casi cuatro meses, el diputado José Calvo Sotelo empleó sus intervenciones parlamentarias para burlar la censura y hacer públicas las destrucciones de edificios religiosos, los ataques a personas y organismos, los asesinatos, secuestros, bombas y petardos que sumaron, según sus cuentas, 1.874 actos violentos en ese periodo.

Tras el asesinato de Calvo Sotelo, José María Gil Robles, líder de la CEDA, completó su trabajo y en la sesión especial en el Congreso de los Diputados del 14 de julio que trataba sobre la muerte del dirigente derechista hizo el último recuento antes de la Guerra Civil: “Desde el 16 de junio al 13 de julio, inclusive, se han cometido en España los siguientes actos de violencia, habiendo de tener en cuenta los señores que me escuchan que esta estadística no se refiere más que ha hechos plenamente comprobados y no a rumores que, por desgracia, van teniendo en días sucesivos una completa confirmación: Incendios de iglesias, 10; atropellos y expulsiones de párrocos, 9; robos y confiscaciones, 11; derribos de cruces, 5; muertos, 61; heridos de diferente gravedad, 224; atracos consumados, 17; asaltos e invasiones de fincas, 32; incautaciones y robos, 16; Centros asaltados o incendiados, 10; huelgas generales, 129; bombas, 74; petardos, 58; botellas de líquidos inflamables lanzadas contra personas o casas, 7; incendios, no comprendidos los de las iglesias”.

Ahora, desde las filas de lo que han dado en llamar la nueva izquierda vinculada a Podemos, vuelven las agresiones y ataques a la Iglesia: destrozos, pintadas, profanaciones,… y no se esconden a la vez que gritan: “Arderéis como en el 36”.

 

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Negrín y el expolio del tesoro español

Escrito por Honorio Feito

 

La rehabilitación y apertura al público del quirófano utilizado por Juan Negrín López, en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, trae de nuevo a la actualidad a una de las figuras más relevantes y discutidas del Frente Popular, el catedrático de fisiología que fue ministro y presidente del gobierno de la Segunda República, desde 1937 hasta 1945, y responsable del mayor expolio cometido contra el tesoro español en nuestra historia. Corpulento, locuaz pero no brillante en su discurso, exquisito en el trato (llamaba a todo el mundo de usted), políglota y hedonista, pertenecía a una familia canaria de desahogada posición económica y católica; había estudiado medicina en Alemania, que más tarde convalidaría en España, y abandonó la investigación para dedicarse a la política, lo que le separó de algunos de sus alumnos más destacados, como es el caso del Nobel Severo Ochoa, que no entendía que una persona pudiera dedicarse a ambas disciplinas a la vez.

Negrín fue el principal responsable del mayor expolio cometido contra el tesoro español al vaciar los fondos del Banco de España, las cajas de seguridad de los bancos, del Monte de Piedad, de la Caja General de Reparaciones y del Museo Arqueológico Nacional. Desde su nombramiento como ministro de Hacienda, en 1936, y especialmente desde que alcanzó la presidencia del Gobierno, tras la caída de Largo Caballero (como consecuencia de los sucesos de Barcelona de mayo de 1937 contra los anarquistas y el POUM), Negrín fue organizando en el extranjero lo que él llamó su tesoro de guerra. Y todo parece indicar que esas intenciones las había contemplado incluso antes de llegar a ocupar las poltronas ministeriales, según confesaría en una carta dirigida a Indalecio Prieto del 23 de junio de 1939.

LAS CUARTAS RESERVAS MUNDIALES

El saqueo de las reservas del Banco de España es, tal vez, el más llamativo y el que siempre ha estado en el ánimo de los españoles, porque representa el famoso oro de Moscú, la entrega de una importante cantidad de oro y plata principalmente, a la todopoderosa Unión Soviética, sin garantías fiables. Incluso Negrín, al final de su vida, pidió a su hijo Rómulo que entregara a Franco la documentación correspondiente por si había posibilidad de efectuar alguna reclamación internacional. La disposición de los fondos se hizo mediante el decreto reservado que Azaña firmó el 13 de septiembre de 1936, a propuesta del ministro de Hacienda, Juan Negrín, que contenía dos artículos: el primero facultaba al ministro para disponer del importante tesoro; el segundo decía textualmente El Gobierno dará cuenta en su día a las Cortes de este decreto. No se recuerda un pleno extraordinario, convocado por el Partido Socialista Obrero Español, para cumplimentar este segundo artículo del famoso decreto reservado.

Bajo la supervisión del agente de la NKVD (precursora del KGB), Alexander Orlov, diez mil cajas repletas de oro y plata fueron llevadas a Cartagena de las cuales siete mil ochocientas fueron cargadas en los barcos Neva, Kim, Volgores y Jruso, que partieron con rumbo a Odesa. La Unión Soviética anunció poco después un aumento de las reservas de su Banco central «gracias a la gestión de los economistas soviéticos»; otras dos mil cajas fueron llevadas a París y las doscientas restantes desaparecieron en el traslado. El valor del tesoro se ha estimado en unos cinco mil doscientos cuarenta millones de las antiguas pesetas, equivalente a unos 15 mil millones de euros actuales.

DECRETOS Y ORDENES

En septiembre de 1936, Negrín creó por decreto la Caja General de Reparaciones, organismo dependiente del ministerio de Hacienda, que sería el depositario de las incautaciones, requisas y expropiaciones cometidas contra todo aquel individuo sospechoso de haber alentado el golpe del 18 de julio. Según Olaya Morales, a finales de 1936 la Caja tenía un activo de casi cincuenta millones de pesetas en efectivo, sin poder precisar el valor de las depósitos de oro, plata, joyas, valores y obras de arte.

El 3 de octubre de 1936, otro Decreto facultó a Negrín para exigir la entrega de oro amonedado o en pasta, divisas y valores extranjeros a toda persona individual o colectiva en el plazo de 7 días, entrega que se debía hacer a los bancos, y que se completaría con otro decreto del día 10 que establecía la creación de un juzgado especial para la persecución de los que incumplieran la orden. Por otro decreto del 4 de enero de 1937, se ordenó a los Bancos que la cantidad recogida por los dos decretos anteriores fuera entregada al Banco de España; el 6 de agosto se recordaba, por otro decreto, la prohibición de exportar toda clase de metales preciosos en lingotes, pasta, moneda u objetos de cualquier clase (piezas de oro, plata, platino con perlas o piedras preciosas), medida que afectaba tanto a particulares como a entidades extranjeras residentes en España, si bien se excluían los artículos de carácter personal como relojes, alianzas, plumas, encendedores etc. Por una Orden del 11 de diciembre, que reformaba el artículo segundo del decreto del 10 de octubre, y se facultaba a un juzgado especial para abrir las cajas de alquiler o cualquier otro lugar donde puedan existir metales preciosos, valores extranjeros o divisas… cuyo valor en pesetas de la época es prácticamente imposible calcular porque jamás se hizo un inventario de lo requisado. La apropiación del contenido de estas cajas de seguridad puso a disposición de Negrín pequeñas joyas de oro y plata, pertenecientes a gente humilde, muchos de ellos afectos a la causa republicana, como manifestó el propio Enrique Líster.

También se opuso al traslado de obras del Museo del Prado el propio Azaña (El Museo del Prado es más importante para España, que la Monarquía y la República juntas). Importantes fueron también las colecciones de numismática antiguas, depositadas en el Museo Arqueológico Nacional, algunas de ellas únicas en el mundo. Gran parte de estas colecciones viajaron a México, en el yate Vita, donde Indalecio Prieto se hizo con él cargamento de sus bodegas repletas y, con la colaboración de Lázaro Cárdenas, consiguió introducirlo sin pasar por el control aduanero. La fundición de algunas piezas de estas colecciones de numismática, para convertirlas en lingotes de oro de valor infinitamente más pequeño, con el propósito de no hacer reconocibles las piezas, alertó a los especialistas mexicanos que avisaron del atentado contra este patrimonio.

LICORES, MANJARES Y MUJERES

Su afinidad con la política de Stalin que su biógrafo, Gabriel Jackson, califica como el punto más controvertido del político canario, especialmente en la persecución a los anarquistas y a los miembros del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), con su líder Andreu Nín, a la cabeza, convertido en mártir por su secuestro y asesinato en manos de policías españoles o rusos, provocaron algunos apelativos a Negrín y su gobierno, como los stalino-burgueses, para definir las discrepancias entre el marxismo y el estilo de vida de sus colaboradores en España. Abad de Santillán, líder de la central anarquista FAI (Federación Anarquista Ibérica), dijo de Negrín lo único público de la vida de este hombre es su vida privada… una mesa suntuosa y superabundante, vinos y licores sin tasa… necesita la ayuda de inyectables para su vida misma de despilfarro y desenfrenos… y es que el doctor Negrín solía llevar en el bolsillo numerosas píldoras y polvos que aplicaba para las náuseas, el mareo, la digestión, y aspirinas y pastillas para inducir el vómito en el caso de que sufriera «agobio gástrico», que tal vez fuera reflujo. Algunos de sus biógrafos aseguran que tomaba estas pastillas en medio de un almuerzo con amigos y colegas, para volver a la mesa y continuar disfrutando de la comida con gran placer, y Prieto, que fue su amigo en los primeros tiempos, aunque más tarde discurrieron por caminos diferentes, le comparó con un patricio romano en decadencia que se provocaba el vómito para consumir inmensas cantidades de refinados manjares. Este dispendio que le dio cierta fama, no fue tampoco ajeno a las mujeres. Fue amigo de la buena vida, le gustaba vestir ropa de calidad; codiciaba la buena mesa y disponer de amplios recursos económicos, como afirman sus biógrafos. Criticado y denostado incluso por los suyos, fue expulsado del PSOE, ya en el exilio, donde su gobierno no fue reconocido, y vuelto a ser admitido, post mortem, durante el gobierno de Rodríguez Zapatero.

Honorio Feito Rodríguez nació en Merás (Valdés, Asturias), en 1953. Estudió Bachillerato en Madrid y más tarde se licenció en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense. Su carrera profesional la comenzó de meritorio en el Diario Arriba, pasando más tarde al semanario Servicio y al diario El Alcázar, incorporándose a la sección de Reporteros.

Ha colaborado en El Pensamiento y el Faro Astorgano, España Express, el diario Ya, la revista Panorama, la Gaceta de los Negocios, Dinero, el semanario Cambio 16, El Heraldo de Tineo, El Eco de Luarca,La Voz de Asturias y La Nueva España, de Oviedo, entre otras publicaciones. Entre los medios digitales, sus artículos han visto la luz en publicaciones como Asturias Liberal; Círculo Ahumada, amigos de la Guardia Civil y Colectivo Nacional, amigos de la Guardia Civil , Dignidad Digital y Vistazoalaprensa.com. Es autor de los libros Evaristo San Miguel, la moderación de un exaltado, Fundación Alvargonzález, Gijón 1995; Fernández-Capalleja, un soldado de Regulares, editado por Parthenón, 2 ediciones y una tercera editado por Multimedia Militar en 2011, Diccionario de Historia de España, editado por Alderabán, Madrid 2008, y patrocinado por la diputación de Cuenca; Getafe, 21 de julio de 1823: 31 asturianos dieron su vida por la libertad, La Nueva Gran Piña, Getafe, 1991, y El Madrid militar: El ejército en Madrid y su territorio 1813-1931, editado por el Ministerio de Defensa, Madrid, 2006. Ha colaborado con la Real Academia de la Historia en el Diccionario Biográfico Español, y como tertuliano en programas de radio como Punto de vista, en la Inter, bajo la dirección de Eduardo García Serrano. Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias sobre temas de Historia de España. Recientemente, ha sido condecorado con el nombramiento de Regular de Honor, por el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Melilla 52.

Fuente:

https://www.elcorreodemadrid.com/historia/98989531/Negrin-y-el-expolio-del-tesoro-espanol-Por-Honorio-Feito–.html

 

¿Deben retirarse las estatuas y calles al socialista Largo Caballero e ilegalizarse su Fundación?

Escrito por Nicolino Peralta

 

Una verdadera memoria histórica nos enseñaría que el histórico dirigente del PSOE Francisco Largo Caballero, apodado con precisión «el Lenin español», alentó la violencia hacia quienes no pensaban como él, lideró un golpe de Estado sangriento contra la II República e incitó a la guerra civil, entre otras muchas atrocidades.

Pues bien, un sujeto de esta calaña goza de honores como estatuas, calles y avenidas. Incluso una Fundación  ostenta su sombrío nombre. Conviene, por consiguiente, que conozcamos algunas pinceladas aunque, por si solas, nos atufen con el nauseabundo hedor de aquella putrefacción moral y política…

Condenado a treinta años por su participación en trágica y sanguinolenta insurrección de 1.917, cumpliría solo nueve meses en base a esa reptiliana habilidad que caracteriza a los «profesionales de la política» para eludir la Justicia.

Pero lo anterior no le impediría colaborar, poco después, con la dictadura de Primo de Rivera. Algo a lo que tampoco fue ajeno su partido, el PSOE.

Tras la caída de aquel dictador, comenzaría a conspirar en el «Comité Revolucionario» que traería la II República donde llegaría a ser ministro cuando las circunstancias electorales fueron propicias a su partido.

Enemigo de la democracia, cuando las derechas ganaron las elecciones de noviembre de 1933 incitó a su partido para «iniciar un movimiento revolucionario que impida un Gabinete fascista». (Lamentablemente, hoy revive la tétrica práctica de tildar de «fascista» a quien no se pliegue a los autoritarios designios de la izquierda).

De este modo, en una comida con militantes del PSOE y la UGT, proclamaría: «…no hay otra salida que la violencia».

Dicho y hecho, chapoteando entre el fango de las bambalinas políticas, con doblez y ocultación, lideraría el golpe de Estado de 1.934 contra la legalidad de la II República.

Aquella sangrienta insurrección provocaría casi 1.400 muertos en 26 provincias. El golpe de Estado no solo perseguía acabar con la legalidad republicana, sino , fundamentalmente, la implantación de la «dictadura del proletariado» como entrada hacia una República socialista al estilo de la Unión Soviética y con la consiguiente aniquilación civil o física de todo el que se opusiera, es decir, de más de la mitad de los españoles.

Desbordada y superada tanto la policía como la guardia civil ante los rifles, incendios, saqueos, ametralladoras y dinamita de los golpistas, habría de recurrir el gobierno de la II República a un joven y laureado general para que salvara in extremis la legalidad republicana y la vida y libertad de millones de españoles. ¿Su nombre?: Francisco Franco… No sé si les sonará.

Cuando en febrero de 1.936 se consumó el ya documentado pucherazo electoral que entregó el poder al Frente Popular, continuó su prédica de violencia y amenazas hacia quienes no se arrodillaran ante sus intentos de convertir España en un protectorado de la Unión Soviética.

Aunque en este tema abundaremos en próximas columnas, dejamos aquí algunas babas de odio escupidas por el «homenajeado» dirigente del PSOE:

23 de noviembre de 1931, siendo ministro de Trabajo y ante la posibilidad de disolución de las Cortes por no sumar mayoría, declaró: «Esto sería la señal para que PSOE y UGT consideren como una provocación y se lancen a un movimiento revolucionario. No puedo aceptarlo … NOS OBLIGARÍA A IR A UNA GUERRA CIVIL» (Las mayúsculas son nuestras)

Febrero de 1.933, Escuela de Torrelodones… «Hemos venido a la República … para poder llegar a nuestras aspiraciones sin grandes derramamientos de sangre… SI NO NOS PERMITEN CONQUISTAR EL PODER CON LA CONSTITUCIÓN… TENDREMOS QUE CONQUISTARLO DE OTRA MANERA (Id)

Campaña electoral de 1.933: «¡Ah esa es la dictadura del proletariado… efectivamente, VAMOS A ECHAR ABAJO EL RÉGIMEN DE LA PROPIEDAD PRIVADA. No ocultamos que vamos a la revolución social, ¿Cómo? (Una voz en el público: «Como en Rusia». Grandes aplausos de los militantes socialistas). No nos asusta eso. Vamos a la revolución … mucho dudo que se pueda dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas, HABRÁ QUE OBTENERLO POR LA VIOLENCIA. (Gran ovación)… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y edificios oficiales no ondee la bandera tricolor de la segunda República, sino la bandera roja de la revolución socialista…».

Aunque lo anterior horrorice a cualquiera que crea en el bien y la libertad, la lengua y alma ponzoñosa de aquel sujeto, seguiría segregando su odio liberticida e infinito:

«…pero SI GANAN LAS DERECHAS TENDREMOS QUE IR A LA GUERRA CIVIL DECLARADA. Yo deseo una República sin lucha de clases; más para eso es necesario que desaparezca una de ellas. Y esto no es una amenaza, es una advertencia; y que no se diga que nosotros decimos las cosas por decirlas: nosotros las realizamos.»

(Largo Caballero. Discurso en Alicante

19 de enero de 1936)

«Hay que apoderarse del poder político, pero la revolución se hace violentamente: luchando y no con discursos.».

«No creemos en la democracia. Tampoco creemos en la libertad.».

«SI LOS SOCIALISTAS SON DERROTADOS EN LAS URNAS, IRÁN A LA VIOLENCIA, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía o el caos…»  (Campaña electoral de 1.933. Ya entonces, quien no se plegara a la izquierda era motejado de «fascista» o similar).

Por desgracia, se extendió mucho más la sombra siniestra de este homenajeado dirigente del PSOE, sombra que, parafraseando a  A. Machado, fue apestando la tierra.

Pero las pretensiones de una columna modesta no pueden prolongarse más hoy. Si las circunstancias no lo impiden, en próximas colaboraciones desplegaremos nutrida información sobre la barbarie sembrada por aquel sujeto… En este momento, solo cabe preguntarse: ¿Deben, pues, retirarse los bustos, estatuas, calles, plazas y honores a un sujeto de esta ralea e ilegalizarse su Fundación?

Fuente:

https://www.elcorreodemadrid.com/madrid/963569621/Deben-retirarse-las-estatuas-y-calles-al-socialista-Largo-Caballero-e-ilegalizarse-su-FundacionPor-Nicolino-Peralta.html

 

La falsedad sobre Mariano Cuadrado Fuentes

Un Ayuntamiento de Madrid rinde homenaje a un dirigente comunista del Frente Popular, con el apoyo del PP y C’s

Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- El pasado martes 21 de enero, el grupo municipal de VOX en Torrelodones (provincia de Madrid) presentó al Pleno del Ayuntamiento una moción con una propuesta para que se retiraran de la localidad todos los homenajes que el Consistorio ―con mayoría absoluta de Vecinos por Torrelodones (VxT)― tiene actualmente a la memoria de Mariano Cuadrado Fuentes, quien fuera alcalde socialista de Torrelodones desde marzo de 1936 hasta mayo de 1937. La propuesta fue rechazada por todos los grupos municipales, incluso por el PP, partido que alegó que no había que «reabrir heridas», mientras llamaba a la necesidad de «concordia».

Los homenajes a Cuadrado se hicieron a iniciativa del PSOE de Torrelodones, recogiendo a su vez este grupo municipal una propuesta de la Sociedad Caminera del Real de Manzanares de Torrelodones, la cual pretendía incorporar a Mariano Cuadrado al «martirologio» de la «memoria histórica», adornando su figura con toda clase de méritos, valores y cualidades.

La iniciativa fue aprobada por unanimidad por todos los grupos de la corporación municipal ―incluido el PP―, y se desarrolló el 17 de septiembre de 2016, fecha en la que la figura del alcalde socialista fue objeto de un homenaje público por parte del Ayuntamiento torrensano.

Dichos homenajes ―sufragados con fondos municipales, claro está―consistieron, básicamente, en designar con su nombre una pequeña plazoleta en el lateral de la casa consistorial, en cuyo centro se plantó un gran olivo «de la paz», protagonizando su inauguración el socialista Ángel Gabilondo. Además, se adosó una placa elogiosa que reza «Maestro y Alcalde de Torrelodones. Socialista, católico y republicano. Fusilado en Madrid el 15 de Septiembre de 1939, dejando mujer y ocho hijos. Su dignidad, honestidad y defensa de la legalidad representan un ejemplo de vida para su familia y amigos, sus vecinos y los más de 5.000 refugiados acogidos en Torrelodones durante la Guerra Civil. Para todo el pueblo de Torrelodones una herencia de la que nos sentimos orgullosos».

Por si todo esto fuera poco, también se colgó un gran panel compuesto con azulejos con dibujos elaborados por niños del pueblo y con frases alegóricas; se realizó un gran acto en el auditorio de la Casa de la Cultura protagonizado por la socialista Francisca Sauquillo, responsable de la Comisión de Memoria Histórica de la Comunidad de Madrid; se llevaron a cabo actos divulgativos sobre la «ejemplar» trayectoria de Cuadrado entre los niños y jóvenes de los colegios e instituto del pueblo; se editó un video y se publicaron numerosos artículos.

La moción del PSOE que dio origen al homenaje se basó en un simple folio facilitado por la Sociedad Caminera lleno de afirmaciones categóricas sin el debido respaldo documental, las más de ellas manifiestamente falsas, y las otras las peores mentiras que son las verdades a medias, o tergiversadas, o sacadas de contexto.

Y es que el caso de Mariano Cuadrado Fuentes es paradigmático, porque son los documentos ―la mayoría de ellos avalados por él mismo―, son los libros de actas de Torrelodones que se conservan todos –Monarquía, II República y etapa de gobierno del Gral. Franco―, los que le acusan de ser lo contrario de lo que reza la placa y, por ende, inmerecido titular de una plaza o calle en Torrelodones.

Esa abundante documentación ha sido estudiada por el torrensano Francisco Bendala Ayuso, quien en su investigación ―que seguimos en el presente artículo― aporta argumentos incontestables que esclarecen la verdad sobre ese presunto «mártir» de la memoria histórica, desmontando implacablemente el Himalaya de mentiras de la placa laudatoria.

El socialismo de Mariano Cuadrado no fue el moderado del socialdemócrata Julián Besteiro, sino el revolucionario de Indalecio Prieto y Largo Caballero, consumados golpistas que llamaban a la revolución marxista y a la Guerra Civil, para instaurar en España la dictadura del proletariado.

En cuanto a su republicanismo, era el frentepopulista, el único que se consideraba legítimo, por lo cual en Torrelodones se reprimió al Partido Republicano Independiente, de «derechas», muy consolidado en la localidad, a cuyos dirigentes se detuvo y encarceló –siendo varios de ellos asesinados, falleciendo otros en la cárcel–, por el solo hecho de no ser afectos a la única «república» que contemplaban Cuadrado y los suyos, es decir, a la frentepopulista.

En la placa se afirma con un descaro impresionante que Cuadrado era católico, cuando la realidad es que fue radicalmente laicista: junto a varias diatribas manifiestamente anticlericales escritas por Cuadrado que se conservan, uno de sus primeros actos nada más hacerse con la alcaldía fue sustraer el cementerio a la parroquia, cerrar la escuela de ideario católico del pueblo precisamente por ello y, nada más estallar la guerra, la incautación del edificio en construcción de las Escuelas de los Cruzados de la Enseñanza también sólo por su ideario católico, edificio que fue ocupado por la UGT; asimismo, entre los detenidos figuró el cura-párroco, sin que Cuadrado lo impidiera, el cual, además, moriría en prisión.

Otra mentira himalayesca es afirmar que destacó por su «defensa de la legalidad», cuando su acceso a la alcaldía de Torrelodones no emanó de unas elecciones locales, ya que Cuadrado y sus correligionarios frentepopulistas protagonizaron el 16 de Marzo de 1936 un «golpe municipal» expulsando al Consistorio de entonces ―mayoritario del Partido Republicano Independiente y emanado de las elecciones locales de 193―3, mediante una manifiesta actuación ilegal en complicidad con el nuevo Gobernador Civil frentepopulista, cuando ni siquiera había estallado la guerra, por lo que la legalidad republicana que vulneraban estaba intacta.

Una vez conseguida la alcaldía mediante el «golpe municipal», amparó la represión y los desmanes frentepopulistas en el pueblo tras el estallido de la guerra, manifiestamente ilegales e ilegítimos.

Desde su puesto de máxima autoridad civil del pueblo amparó –y protagonizó en muchos casos– las múltiples «incautaciones» de propiedades privadas, registros y requisas de todo tipo de bienes, en comandita con el Comité del Frente Popular, las «organizaciones obreras» (¿?) y las milicias frentepopulistas, pretendiendo una apariencia legal a lo que fue en realidad un criminal expolio.

Como máxima autoridad civil del pueblo fue responsable, por acción y/o inhibición, de la detención ilegal e ilegítima de todos los desafectos al Frente Popular ―por medio de las milicias frentepopulistas y «organizaciones obreras» del pueblo―, varios de los cuales acabaron siendo asesinados o fallecieron en la cárcel, mientras que otros fueron privados de su libertad durante toda la guerra.

La pretensión de Cuadrado de que se limitaba a enviarlos a la Dirección General de Seguridad, no puede ocultar que sabía, en primer lugar, que no había motivos para su detención ni él podía ordenarla ni consentirla; y, segundo, el fin que les esperaba en tal organismo, si es que llegaban a él, claro, como sucedió en varios casos. El hecho de que en la zona frentepopulista no se hubiera declarado el «estado de guerra» incide aún más en que tales detenciones fueron siempre ilegales.

Requisó las armas existentes en el pueblo con la excusa de evitar presuntos «complots contra la República», cuando en realidad lo que Cuadrado hizo fue desarmar a los desafectos al Frente Popular, dejándolos indefensos ante los afectos, a muchos de los cuales, además, dotó de armas, vulnerando de nuevo la legislación republicana pues la competencia para expedir dichas licencias era exclusiva del Ministerio de la Gobernación (Interior), no de los ayuntamientos.

Es importante el pasaje que consta en acta de pleno municipal en el que cuando pregunta el 1er Teniente de Alcalde «si habían sido detenidos todos los que figuraban en la lista del Partido Republicano Independiente», Cuadrado contesta que «no depende de él, pues él se ha limitado a entregar la lista a la Brigada de Investigación (organismo frentepopulista que amparaba el funcionamiento de las checas) con lo cual queda terminada su misión y que lo que procede es recurrir al Frente Popular para tomar un acuerdo fulminante y así se acuerda». Y es importante porque lo dicho se produce el 15-10-1936, es decir, dos semanas antes de que sean asesinados los primeros de los detenidos, de forma que es Cuadrado quien propone algo tan significativo como «recurrir al Frente Popular para tomar un acuerdo fulminante» y así se acuerda y debió hacerse.

La investigación, con nombres, apellidos, circunstancias, datos fidedignos ―despreciando los que no lo son así― arroja un balance estremecedor: ocho torrensanos (8) asesinados, uno de ellos el cuarto hijo del marqués de Urquijo en el propio pueblo, y cuarenta y cuatro torrensanos más (44) encarcelados durante los tres años de guerra, de ellos cinco (5) no vieron la libertad al morir en la cárcel durante aquel período, como tampoco el único hijo del Conde de las Almenas, que fue asesinado.

En lo que se refiere a la acogida de 5.000 desplazados de la Sierra Norte, la cifra está sobredimensionada, y esa labor se hizo también en otros pueblos de la zona, con la salvedad de que Cuadrado procuró su traslado a Majadahonda o Valencia.
Enfrentado a sus correligionarios de la «comisión gestora» ―cuya corrupción intentó perseguir―, fue encarcelado y juzgado en mayo de 1937, y cesado en septiembre de ese mismo año.

Tras la victoria nacional, Cuadrado fue sometido ―según la legalidad vigente en la República para «estados de guerra», que fue la que imperaba en el bando nacional― a un consejo de guerra que contó con todas las garantías jurídicas exigibles para tal procedimiento, incluidos defensor, testigos de cargo y de descargo; por desgracia para Cuadrado, no se presentó ninguno de esta última clase, lo que resulta muy significativo, no pudiéndose achacar a un pretendido miedo hacia las nuevas autoridades, ya que en multitud de otros procesos idénticos los hubo, como así consta.

Lo que llevó a Cuadrado a la muerte fueron, sobre todo, los cinco asesinados tras ser detenidos en Torrelodones, cuyos familiares coincidieron en señalarle directamente como responsable de sus detenciones.

Ésta es ―a grandes rasgos― la «ejemplar» trayectoria de Mariano Cuadrado, de quien los torrensanos al parecer tienen la obligación de «sentirse orgullosos», así como también los votantes del PP y C’s se tendrán que sentir orgullosos de que sus grupos municipales hayan apoyado el rendir pleitesía a un personaje tan impresentable, nada extraño en el socialdemócrata y liberalísimo C’s, y tampoco en el PP, que no abolió la ignominiosa Ley de Memoria Histórica ni aun teniendo mayoría absoluta en El Congreso, que nunca ha acometido ninguna acción en contra de los desmanes de esa funesta Ley, que mira para otro lado cuando se mancilla la memoria de héroes y patriotas…

No pueden alegar ignorancia de los desmanes de Cuadrado, porque la documentación del caso ―aportada por Francisco Bendala― estaba en poder del Ayuntamiento de Torrelodones, y porque en el transcurso de la moción el portavoz de VOX expuso pormenorizadamente todos los delitos de mariano Cuadrado.

Pero parece ser que el asunto no terminará aquí, porque, amparándose en la normativa europea de septiembre de 2019 que prohíbe la pervivencia en los espacios públicos de vestigios del comunismo, es muy posible que se convoquen nuevas acciones, a través de las cuales se buscará la completa erradicación de cualquier homenaje laudatorio a la figura de Mariano Cuadrado, lucha que debería extenderse a todas las localidades españolas donde haya pervivencia de vestigios comunistas en espacios públicos, entre los cuales habrá seguramente más «Marianos Cuadrados».

Fuente:

Un Ayuntamiento de Madrid rinde homenaje a un dirigente comunista del Frente Popular, con el apoyo del PP y C’s

 

Así traicionó y asesinó el Frente Popular a uno de los grandes héroes de España

Oswaldo Capaz, el último militar que ensanchó el territorio patrio en Ifni, murió fusilado de un tiro en la nuca por negarse a dirigir a milicianos y «gentes alborotadas» al combate durante la Guerra Civil

Manuel P. VillatoroManuel P. Villatoro

Actualizado:

El general Oswaldo Capaz pasó una vida entera al servicio de España y se dejó el alma por dilatar nuestro territorio en Ifni. Sin embargo, le bastaron unas pocas (y desafortunadas) palabras para ganarse un billete hacia el otro mundo; un boleto solo de ida. La frase que lo condenó fue rememorada por el mismo Ramón Serrano Suñer en un extenso artículo publicado en el diario ABC allá por 1985: «Yo soy un jefe que manda soldados, no gentes alborotadas». Con ella se negó a dirigir, durante la Guerra Civil, a los exaltados miembros del Frente Popular. Por desgracia para él, aquellos mismos hombres a los que no quiso liderar fueron los que le pegaron un tiro en la nuca en la mañana del 22 de agosto de 1936. Y eso, a pesar de que siempre se mantuvo leal a la Segunda República.

Suñer, ministro durante la dictadura y cuñado del mismo Francisco Franco, no tuvo reparos a la hora de alabar la figura de Capaz en el mencionado reportaje. En parte, porque fue el último oficial de nuestro país en expandir el territorio patrio; pero también por sus capacidades como militar. «Era un hombre íntegrorazonadorserio respetable. Nunca hablaba de sus méritos», escribió. Ambos, de hecho, compartieron los pasillos de la cárcel madrileña poco después de que comenzara la Guerra Civil y de que fueran detenidos por el gobierno. En aquel confinamiento, el general se mantuvo siempre estoico y no rechazó a la Segunda República. Lo que sí fue es crítico con las fuerzas armadas organizadas por sus superiores y admitió que los alzados contaban con un contingente «perfectamente organizado y jerarquizado». Pagó cara su sinceridad.

Infancia y primeros éxitos

Oswaldo Fernando de la Caridad Capaz y Montes (su nombre completo lo especificó el mismo Serrano Suñez en una corrección enviada al diario ABC en 1985) vino al mundo en Puerto PríncipeCuba, el 17 de marzo de 1894; cuando la isla era todavía territorio español antes de la gran debacle de las últimas colonias. Según explica el historiador Juan José Primo Jurado en «Los generales de África» (Almuzara, 2017), el futuro héroe de Marruecos «inició su carrera militar en la Academia Militar de Infantería de Toledo» cuando sumaba 16 primaveras a sus espaldas. Tras graduarse, en 1922 pasó a servir en África, donde trascurrió la mayor parte de su vida como hombres de armas. Su primera parada fue la Policía Indígena, en la que sirvió como capitán y donde se destacó como uno de sus principales mandos.

Desde su juventud, Capaz fue el ejemplo de oficial comprometido con los hombres a los que dirigía y con el territorio en el que debía prestar servicio. Así lo atestiguó el propio Serrano Suñer: «Fue desde muy joven un gran conocedor de los marroquíes, que le admiraban y respetaban de manera especial». En palabras del cuñado de Franco, también hablaba («dominaba») el árabe y, «al frente de la harka que llevó su nombre alcanzó un prestigio enorme» a nivel militar. «Por sus virtudes, su valor en el combate y su singular personalidad, lo consideraban como un “santón”», completa. En 1926, ya ascendido a comandante, volvió a demostrar que andaba sobrado de valor al someter en la región de Gómara (tal y como apunta Primo Jurado) a una decena de tribus a las que confiscó 3.000 fusiles.

Lo más llamativo es que aquella gesta no la hizo solo a golpe de espada y fusil, sino mediante la palabra. En ese momento se dejaron ver también sus dotes como parlamentario y diplomático. «Su acción política fue muy hábil y eficaz como interventor primero, y más tarde al ejercer el cargo de Delegado General de Asuntos Indígenas», añade en el artículo de ABC su compañero de prisión. En este último cargo (que mantuvo hasta 1931) organizó un sistema eficaz para controlar a las cábilas rifeñas y evitar que se alzasen contra los mandos peninsulares. Y lo hizo ya como coronel, después de recibir varios ascensos. Capaz era, si me permiten el sencillo juego de palabras, un perfecto y muy capaz militar africanista.

Permaneció en el cargo hasta que Manuel Azaña (presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra entre 1931 y 1933), orquestó una reforma militar que castigó duramente a los militares africanistas. Así lo atestigua el que Capaz fuera destituido de su puesto tras la aprobación de aquellas modificaciones y, a la postre, se le enviara a Canarias con el grado de coronel. Algo que, una vez más, recogió Suñer en su artículo para ABC de forma escueta, pero nada sucinta: «Fue confinado en Canarias durante el gobierno de Azaña».

Héroe de Ifni

Sin embargo, poco después fue llamado de nuevo a primera línea para participar en la toma de Ifni (al suroeste de Marruecos y conocida también como Santa Cruz de la Mar Pequeña); una región ansiada por nuestro país desde el siglo XV, cuando fue atisbada por los primeros conquistadores peninsulares. Así lo recordaba Serrano Suñer en su artículo para ABC: «El territorio había sido descubierto por el español don Diego de Herrera, que allí instaló un castillo. En los tratados concertados por España con Marruecos se le había concedido a nuestro país solamente el establecimiento de una pesquería». El deseo de todos los gobiernos de hacerse con la región se hizo patente a partir de 1777 a través del explorador y militar Jorge Juan (que no pudo tomarla) y una infinidad de peticiones diplomáticas.

En 1934, el gobierno de Alejandro Lerroux recurrió a Capaz después de que, apenas un año antes, la expedición enviada desde la península para tomar por las bravas Ifni (al mando del almirante Nieto Antúnez) fallara de forma estrepitosa. Nuestro militar tomó otro camino para cumplir su misión… En primer lugar, se trasladó hasta el sur del Protectorado Español para, a continuación, entablar desde allí conversaciones con las mismas tribus que habían evitado la invasión de su predecesor. Y le fue a pedir de boca. «Gracias a esta acción política y diplomática, el 6 de abril de 1934, desembarcó y ocupó pacíficamente Ifni al entrar en su capital, Sidi Ifni», añade, en este caso, el autor español. Aquella victoria, alcanzada sin una sola gota de sangre, fue aplaudida por todo el Congreso de los Diputados. Y no era para menos, pues parecía algo imposible.

Oswaldo Capaz
Oswaldo Capaz

Lerroux, agradecido y sorprendido, ascendió a Capaz a general de brigada y gobernador de Ifni. Bondades que recogió el diario ABC ese mismo año en varias noticias que recalcaron los «excelentes servicios prestados». Este oficial se encargó de erigir la ciudad a su gusto. Y lo cierto es que la convirtió en la capital del África Occidental Española. Algo que recalcó el mismo Lerroux poco después al incidir en que aquel territorio yermo se había convertido en «un pedestal donde el derecho de España planta el mástil de su bandera». En la práctica, nuestro protagonista fue el último conquistador hispano y logró, como dejó escrito el entonces Presidente de la República, «ensanchar el mapa» y «hacer crecer la tierra española». El político siempre le estuvo agradecido: «Rindo tributo de justicia a los que concibieron y ejecutaron el plan».

Traicionado y asesinado

En julio, cuando se barruntaba la Guerra Civil, Capaz era comandante general de Ceuta. La mayor parte de los autores coinciden en que, al conocerse el alzamiento, se mantuvo fiel a la Segunda República. Así lo atestigua, por ejemplo, el doctor en historia Arturo García Álvarez-Coque en su tesis «Los militares de Estado Mayor en la Guerra Civil española». En la misma especifica que, tanto nuestro protagonista (entonces Jefe de la Circunscripción Occidental) como Manuel Romerales Quintero (Jefe de la Circunscripción Oriental), «fueron leales al gobierno». Por su parte, Caballero Jurado sentencia que «probablemente sabría de la conspiración militar, aunque no estaba implicado en ella». Algo que demuestra el que, el 17 de ese mismo mes (una jornada antes del golpe de Estado) pidiera permiso para viajar hasta la capital.

No pudo tomar peor decisión. Tras el golpe, y después de negarse a dirigir a milicianos a la batalla, fue detenido en su domicilio por miembros del Frente Popular e inmediatamente internado en la cárcel Modelo de la capital. Un hecho que corroboró, en 1985, el doctor de los servicios médicos de Marruecos Carlos Rico-Avello en una carta a ABC. Desde aquella jornada hasta el 22 de agosto de 1936 Capaz fue compañero de Serrano Suñer, quien lo definió de esta guisa en el mencionado artículo a este diario: «Era Capaz un hombre íntegrorazonadorserio respetable. Nunca hablaba de sus méritos y jamás toleró la menor vejación de los milicianos ni entabló con ellos conversación. Fue allí, para todos, paradigma de dignidadintegridad aplomo».

Revista de 1934
Revista de 1934

Serrano Suñer explicó también en el texto que «nos paseábamos juntos por el patio de la cárcel durante las horas que nos permitían hacerlo». En estos ratos le confesó que había sido atrapado por negarse a dirigir a los milicianos hacia el combate y que la Segunda República poco podía hacer para frenar el avance Nacional. «Los militares -me decía- tenían un Ejército perfectamente organizado y jerarquizado, mientras que el Gobierno republicano, aunque contaba con algunos jefes y oficiales valerosos, como el coronel Vicente Rojo, carecía de soldados disciplinados, cosa que agravaban las interferencias políticas».

También le desveló que la única forma en la que podrían sobrevivir sería «adueñarnos de la prisión, arrollando y desarmando a los milicianos y vigilantes» cuando arribaran los franquistas ya que, de otro modo, «nos matarían a todos».

Serrano Suñer
Serrano Suñer

No tuvo oportunidad de llevar a cabo su plan antes de morir. En la madrugada del 22 de agosto (según Suñer) o el mismo 23 (en palabras de Rico-Avello) un grupo de anarquistas del Frente Popular tomó la Modelo y, acorde con lo que narra Caballero Jurado, organizaron un tribunal improvisado que no tardó en dictar sentencia. «Sentados todos los presos en el suelo de la galería primera, varios milicianos con pequeñas linternas en la mano gritaron: “Ese que llaman el general Capaz”; lo cogieron en la galería, tratando de atarlo, cosa que no consiguieron, y a empujones lo sacaron y lo mataron.

Así se perdió para España un gran soldado», completó Suñer. Un hombre que el historiador Stanley G. Payne definió como «republicano moderado». Sus últimos momentos también fueron narrados por Rico-Avello: «Los generales Capaz Villegas, y el ex ministro Rico Avello, fueron sacados juntos de las celdas de la prisión celular de Madrid para ser vilmente asesinados en la Pradera de San Isidro».

Fuente:

https://www.abc.es/historia/abci-guerra-civil-traiciono-y-asesino-frente-popular-grandes-heroes-espana-202001291423_noticia.html

 

 

El martirio a los curas en la España de 1937: «Lo torearon desnudo y le remataron con un cuchillo de matar cerdos»

Un libro recupera la memoria del sacerdote valenciano Enrique Boix, actualmente en proceso de canonización

La persecución de la Segunda República contra la Iglesia católica hasta 1936 y durante la Guerra Civil le costó la vida a 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas

VALENCIA

«Lo ataron desnudo a un limonero, lo dejaron toda la noche allí, y al día siguiente le torearon como a un animal, clavándole agujas de hacer jersey y, con un cuchillo de matar cerdos, le dieron el estoque final».

El canónigo de la Catedral de Valencia Arturo Climent ha publicado un libro sobre el sacerdote valenciano Enrique Boix (1900-1937), en proceso de canonización, que murió a los 36 años de edad martirizado en Llombai, su localidad natal, en el año 1937 durante la Guerra Civil.

La finalidad de esta publicación es «que no se pierda la memoria de un sacerdote bueno, trabajador, enamorado de Jesucristo, que se dedicó a vivir a pleno pulmón su ministerio en distintas parroquias hasta que fue apresado y sufrió un martirio inhumano, horrible y cruel», ha explicado Arturo Climent.

La persecución de la Segunda República contra la Iglesia española, hasta 1936 y durante la Guerra Civil, le costó la vida a 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas, de acuerdo con un estudio del historiador Antonio Montero Moreno.

El libro sobre Enrique Boix, que ha sido prologado por el canónigo Ramón Fita, delegado episcopal para la Causas de los Santos de la Archidiócesis de Valencia, incluye la biografía de Enrique Boix, con fotografías de lugares vinculados a él, y recoge también los perfiles de los siervos de Dios nacidos en Llombai, Vicente Bartual Lliso Rafael Donat Lloret, así como del beato José Ferrer, natural de Algemesí, todos ellos martirizados en 1936, también en pleno conficto bélico.

Enrique Boix Lliso nació en Llombai el 20 de julio de 1900 dentro de una familia cristiana. Tras su ordenación sacerdotal en 1925 sus primeros cargos parroquiales los desempeñó en Xixona, Simat de Valldigna, Senija y Xeresa hasta que fue nombrado capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y de las Madres Franciscanas en Alzira.

En Alzira fue vicario de la parroquia de San Juan Bautista, director de la Juventud Obrera, consiliario de jóvenes de Acción Católica «y alma de muchas organizaciones juveniles católicas, por lo que es recordado como el cura de los jóvenes», ha añadido Climent.

«Le avisaron de que irían a por él porque lo consideraban un cura demasiado influyente en la ciudad»

Al estallar la Guerra Civil «le avisaron de que irían a por él porque lo consideraban un cura demasiado influyente en la ciudad», según el autor del libro. Boix se marchó a Algemesí, donde fue detenido en enero de 1937 «y sin juicio, fue llevado a la cárcel y entregado al Comité de Llombai que se lo llevó y lo encerró en un local».

Finalmente, el sacerdote fue conducido al claustro de la parroquia, convertido en vaquería, donde fue martirizado el 24 de enero de 1937. Según el relato de testigos que presenciaron el martirio, «lo ataron desnudo a un limonero, lo dejaron toda la noche allí, y al día siguiente lo torearon como a un animal, clavándole agujas de hacer jersey y con un cuchillo de matar cerdos, le dieron el estoque final». Tal como ha explicado Climent, «Enrique Boix murió dando testimonio de Cristo con valentía, amor y perdonando a sus asesinos».

Fuente:
https://www.abc.es/espana/comunidad-valenciana/abci-martirio-curas-1937-torearon-desnudo-y-remataron-cuchillo-matar-cerdos-202001141259_noticia.html

 

 

Valencia institucionaliza la «cabalgata laica» de enero que surgió de la exaltación a la República y a Stalin

El desfile de las «Magas republicanas», cuyo origen se remonta a la Guerra Civil, alcanza su quinta edición y terminará dentro del Ayuntamiento que gobiernan Compromís y PSPV

Los promotores de la cabalgata «republicana» de Valencia reciben 25.000 euros del Ayuntamiento

Alberto Caparrós

VALENCIA Actualizado: 

El Ayuntamiento de Valencia, gobernado por Compromís y el PSPV-PSOE, ha institucionalizado la celebración de la conocida como «cabalgata laica y republicana» o del «solsticio de invierno» que, hasta la llegada de Joan Ribó a la Alcaldía de la ciudad solo tenía un precedente histórico.

El 10 de enero de 1937, la ciudad, entonces capital de la segunda República y en plena Guerra Civil, albergó un desfile laico plagado de alusiones políticas tras la decisión del presidente, Francisco Largo Caballero, de suprimir la tradicional cabalgata de los Reyes Magos al entender que se trataba de una celebración religiosa.

Aunque la iniciativa se enmarcó en el contexto de que los niños ovlidaran por unas horas los «horrores de la guerra», aquel desfile, del que dio cuenta ABC en enero de 1937, se convirtió en una exaltación de la República y del régimen comunista de la Unión Soviética. Un busto de Largo Caballero y una efigie de Stalin presidieron el recorrido entre pancartas como la que rezaba: «Vivan los niños del mundo entero y especialmente los niños soviéticos que ayuden fraternalmente a los niños antifascitas de España».

La carroza principal representaba una alegoría de la República puño en alto y con una gran estrella roja a sus espaldas. Con el patrocinio de esta celebración, organizada por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, el Gobierno de la República, pretendía desterrar el temor al conflicto bélico entre los niños con «bandas de música a granel y la Internacional a todo pasto», conforme recogió el boletín que editaba la CNT.

«Memoria histórica y feminismo»

En el año 2016, la Societat Coral el Micalet decidió recuperar la denominada «Fiesta de la Infancia y de las Magas de Enero» con el objetivo de «recuperar la fiesta del solsticio de invierno alejando el dogmatismo de las religiones» y el de reivindicar «la memoria histórica y el feminismo».

Desde entonces ha contado con el respaldo del equipo de gobierno municipal que forman Compromís y el PSPV-PSOE. La cabagalta, de hecho, finaliza en el balcón del Ayuntamiento, el alcalde la incluye dentro de los actos de su agenda oficial y la entidad que organiza el desfile es una habitual perceptora de subvenciones tanto del Consistorio como de la Generalitat que preside el socialista Ximo Puig.

Imagen del alcalde Ribó con la «magas de enero» en la cabalgata del año 2018
Imagen del alcalde Ribó con la «magas de enero» en la cabalgata del año 2018 – MIKEL PONCE

Tras la controversia generada en 2016, cuando el desfile tuvo lugar el 4 de enero, víspera de la tradicional cabalgata de los Reyes Magos, entre fuertes críticas de los grupos de la oposición en el Ayuntamiento de Valencia, los organizadores optaron por retrasar la fecha de la celebración y alejarla del periodo navideño.

Sus promotores recalcan «el carácter feminista de una celebración que sitúa a la mujer como referente y que aúna a la sociedad civil en un ejercicio de voluntarismo en beneficio de la infancia».

Las mujeres que protagonizarán la cabalgata del día 12 son la periodista y exdiputada de Podemos, Llum Quiñonero (Libertad); la profesora de inglés y sindicalista, Beatriu Cardona (Igualdad); y la profesora y ecologista, Lucrecia Manzanares (Fraternidad-Sororidad).

Este año, la cabalgata en la que tres mujeres (Libertad, Igualdad y Fraternidad) recorrerá las calles del centro de Valencia por quinto año consecutivo. La fecha escogida es el domingo 12 de enero. Partirá a las 11.30 y media de la mañana por el Parterre y, según han anunciado sus promotores, terminará en el balcón del Ayuntamiento. El mismo edificio que albergó las Cortes republicanas entre noviembre de 1936 y octubre de 1937.

Fuente:
https://www.abc.es/espana/comunidad-valenciana/abci-valencia-institucionaliza-cabalgata-laica-surgio-exaltacion-republica-y-stalin-202001031238_noticia.html

 

 

La gran bronca entre el Lendakari y Negrín por las riquezas olvidadas de la II República

En marzo de 1939, el Lehendakari Aguirre y el presidente del Consejo de Ministros mantuvieron un severo enfrentamiento por carta después de que el primero solicitara una ingente cantidad de dinero para el «sostenimiento de la población vasca evacuada»

Manuel P. Villatoro

Actualizado:

Los meses finales de la Guerra Civil fueron un verdadero calvario para Juan Negrín. Durante el camino de espinas que supuso la derrota, el último presidente del Consejo de Ministros de la Segunda República no pudo hacer más que intentar apagar los incendios que, día si y noche también, se generaban en el seno del gobierno. En «Juan Negrín: médico, socialista y jefe del gobierno de la II República española», el historiador e hispanista Gabriel Jackson es partidario de que tuvo que hacer frente a las divisiones que existían en el PSOE, a la dependencia militar de los comunistas, a las pretensiones de los nacionalismos interiores y, por descontado, al imparable avance del bando franquista. Aunque los problemas le hicieron dudar de su criterio político y socavaron su ánimo, lo cierto es que se mantuvo estoico e hizo frente a las dificultades.

En mitad de este clima de desasosiego y desesperación, allá por marzo de 1939 Negrín tuvo que acometer una de sus pruebas más duras: la petición de dinero que el Lendakari en el exilio José Antonio Aguirre (del Partido Nacionalista Vasco) le realizó por carta. Conocedor (según decía) de que la Unión Soviética había pagado a la Segunda República unas 600.000 libras esterlinas como liquidación de la venta de los barcos de la compañía transatlántica que habían quedado en los puertos rusos, exigió una elevada cantidad de monedas para «el sostenimiento de la población vasca evacuada» y en concepto de «devolución de anticipos hechos al Gobierno de la República».

Juan Negrín, Manuel Azaña, el general Miaja y El Campesino pasan revista a las tropas republicanas en noviembre de 1937
Juan Negrín, Manuel Azaña, el general Miaja y El Campesino pasan revista a las tropas republicanas en noviembre de 1937

El resultado fue el enojo de un Negrín más que sobrepasado. Al final, tras una trifulca en la que la reivindicación de los nacionalismos vasco y catalán terminó de colmar la paciencia del socialista, todo quedó en nada. Ni un billete salió de su maltrecha cartera.

El intercambio de cartas en cuestión (además de una reunión entre sus ministros de Hacienda) se produjo a finales de marzo de 1939. Días duros para la Segunda República. Valga como ejemplo que, poco antes (el 5 de ese mismo mes), el coronel Casado -del Ejército Republicano del Centro- se había alzado contra el Gobierno del mismo Negrín. Aquel fue el golpe de gracia y marcó el principio del fin. El 21 comenzó la última ofensiva franquista, la puntilla. Tan severa fue la acometida que, apenas dos jornadas después, la Junta de Defensa de Madrid envió a sus emisarios a Burgos para hablar de rendición. Franco ya se veía vencedor y, tal y como afirma Paul Preston en «El final de la guerra: La última puñalada a la República», exigió que los defensores que entregaran su aviación y disolvieran sus fuerzas armadas casi de inmediato. El 1 de abril finalizó el desastre con la caída de Barcelona y el éxodo de 400.000 refugiados hacia Francia.

Primeros encontronazos

El 23 de marzo, poco antes de la conquista de la Ciudad Condal, comenzó la batalla de misivas. Fue en esa jornada cuando un Aguirre en el exilio envió una carta a su -hasta entonces- amigo Negrín en la que le incluía un «escrito oficial con el que dar estado a la demanda que verbalmente le anticipé». El tono era cordial, pues el Lendakari sabía que, esa misma jornada, el presidente debía reunirse para deliberar sobre la rendición de la capital. «Estoy a su entera disposición, por si cree usted oportuno un cambio de impresiones o, mejor aún, que lo celebren los señores Méndez Aspe y Torre que, como titulares de las autoridades de Hacienda de la República Euzkadi, están mejor enterados de esos asuntos». Al texto principal adjuntó la mencionada petición de dinero.

«Tengo el honor de elevar a manos de V. E. los adjuntos estados relativos a las operaciones en moneda extranjera que se hallan pendientes entre el Gobierno de la República y el de Euzkadi. Por el primero de dichos documentos, cerrado el 31 de diciembre de 1938, se establece la existencia de anticipos hechos por el Gobierno de Euzkadi […] en moneda extranjera por un total de libras esterlinas 626.795-1-3 (seiscientas veintiséis mil setecientas noventa y cinco libras, un chelín y tres peniques). […]. Por el segundo, se fija un total de francos 1.458.246.80 […] el importe de los gastos que nos ha producida la evacuación de Cataluña a territorio francés. […] Por último […] señalamos los gastos de Asistencia Social, correspondientes al corriente mes de marzo, los cuales sobre un total de francos 2.775.500 representan por persona y día una cifra que no excede de 6,15 francos».

José Antonio Aguirre
José Antonio Aguirre

Según explica el historiador Javier Rubio en su dossier «Negrín y Aguirre a la greña» (donde se recoge de forma extensa toda la correspondencia entre ambos) el objetivo de Aguirre estaba cristalino: relajar la asfixia que empezaban a sufrir las arcas del gobierno autonómico en el exilio a costa de la también dolorida economía central. En palabras del experto, los tintes nacionalistas eran evidentes. «Aguirre suscribió su escrito como Presidente del Gobierno de Euzkadi; a diferencia de lo que para él representaba el destinatario de sus escritos, que figuraba sin hacer constar ningún cargo, sino simplemente con su nombre y su apellido».

No resulta difícil intuir cómo se tomó el doctor aquella misiva. Con todo, accedió a que su ministro de Hacienda y Economía, Francisco Méndez Aspe, se reuniera con Eliodoro de la Torre y Larrinaga, su par dentro del gobierno vasco. El encuentro se planeó para el 24 de marzo; cuanto antes, mejor. En palabras de Rubio, lo que se vivió ese día fue una «larga y tensa entrevista» en la que el delegado de Negrín insistió en que la República no disponía ya ni de una mínima parte de aquella infausta cantidad.

Pero, según parece, su colega venía cargado de argumentos y no tardó en replicarle. «Alegó la existencia de 600.000 libras esterlinas pagadas por el Gobierno soviético a Negrín como liquidación de la venta de los barcos de la compañía transatlántica que quedaron en los puertos rusos», añade el experto. Méndez no negó aquello. Ni mucho menos. Respondió que la cantidad no había sido abonada todavía por los soviéticos.

Retrato de estudio de Juan Negrín
Retrato de estudio de Juan Negrín – ABC

El ministro de Hacienda de Negrín fue tajante: el PNV no recibiría ni una peseta más que el resto de los españoles. Y es que, por entonces, el gobierno estaba pergeñando la creación del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE); un organismo que se materializaría a finales de ese mismo mes y que tendría varias atribuciones como la organización de los embarques de los exiliados a Sudamérica o el control del dinero que se entregaba a los mismos. Algo que corrobora el Catedrático en Historia Contemporánea Abdón Mateos en su dossier «El gobierno Negrín en el exilio: el Servicio de Evacuación de Refugiados». Por si la reunión no hubiese sido lo suficientemente tensa, Negrín movió ficha y envió una carta a Aguirre en la que parecía (deliberadamente) que no había recibido la misiva del día 23:

«Mi querido amigo: Es nuestro deseo el construir rápidamente una Junta de Refugiados españoles en la que estén representadas todas las tendencias políticas y sindicales de las organizaciones republicanas leales y, para que tal deseo se convierta inmediatamente en realidad, agradeceré a usted se sirva manifestarse antes del día 29 del actual sobre los nombres de las dos personas de partidos vascos no pertenecientes al Frente Popular Nacional que hayan de formar parte de dicha junta. Con este motivo, me es grato enviarle un afectuoso saludo».

Tenso rifirrafe

La guerra estaba servida. Aguirre no respondió a Negrín, pero la desesperación le pudo y, el 28 de marzo, envió una nueva y extensa carta al presidente. En la misma se adjuntaban los dos nombres que el político pedía para la mencionada Junta e incluía, a su vez, algunas «advertencias». Entre ellas, afirmaba que el gobierno vasco y catalán eran, en la práctica, los únicos legítimos. Lo que significa que se atribuía más importancia y legalidad que la propia República.

«En la última conversación que sostuvo usted conmigo en presencia del Presidente Companys nos presentó usted un proyecto de Consejo constituido a base del Gobierno por usted presidido, añadiendo los nombres de los Presidentes de las Cortes y de los Países autónomos. Rechacé este proyecto porque entendí que tenía más bien un carácter político, o podía tenerlo. […] Pero me encuentro con que ya no es una Junta de este estilo. […] Se trata de una Junta de emigración, constituída por todos los partidos políticos y organizaciones sindicales. Se nota inmediatamente la ausencia de los Gobiernos de Euzkadi y Cataluña. Advierto a usted que, puestos a hablar de legitimidades, son, probablemente, lo único legítimo que existe. […] Los vascos y los catalanes somos una realidad».

Largo Caballero, junto a Juan Negrín
Largo Caballero, junto a Juan Negrín – ABC

Por descontado, también cargaba contra Negrín por haber obviado sus reclamaciones económicas:

«El Gobierno de Euzkadi ha presentado una cuenta de reclamaciones firmada por mi. Yo deseo conocer su contestación. En estos momentos -permítame que se lo diga crudamente- necesitamos ya conocer cuál es la situación de aquellos bienes que, siendo de todos, han de ser para todos, o repartidos en la proporción correspondiente, o administrados en forma que todos tengamos satisfacción. Nuestra conducta dependerá extraordinariamente de estas naturales satisfacciones que esperamos obtener. Lleva ya […] el señor Torre tres días detrás del señor Méndez Aspe, y esto no está bien. Nosotros hemos realizado una labor que ha prestigiado no solo a nuestra Causa, sino también a la de la República. Es natural que queramos sostener el prestigio y, sobre todo, a las gentes que tanto han sufrido por nosotros. Perdone usted los conceptos que transcribo. Son claros y precisos como siempre han sido los que yo he expuesto a usted […]. Su dureza es solo comparable a la lealtad con la que hablo».

Por enésima vez, el Lendakari no hizo referencia en la carta al cargo de Negrín. Aunque eso fue lo de menos. Y es que, en el texto cargaba contra el doctor al inferir, ni más ni menos, que se había apropiado de bienes «que eran de todos» y se negaba a repartirlos. La respuesta fue rauda aunque, como explica Rubio, también meticulosa y medida. El presidente de la República era cauteloso cuando hacía falta y sagaz en los asuntos de altura. El día 31 le hizo llegar un escrito con varias diferencias. La primera, que ya no se refería a él como presidente del gobierno vasco, sino como «Don José Antonio de Aguirre». A su vez, le exigió al Lendakari una infausta cantidad de documentos que acreditaran que aquella deuda era real.

«Como contestación al escrito de V. E. de fecha 23 del actual […] tengo el honor de significar a V. E. que para poder enjuiciar con conocimiento de causa el problema que en aquel se plantea y partiendo de la base que el dominio de la administración financiera, la política de divisas, oro, plata, joyas y valores, así como el comercio exterior corresponden íntegramente a la Hacienda de la República, estimo de necesidad ineludible la aportación de los antecedentes y juicios que a continuación se expresan».

«El afecto y aprecio que le profeso me han ayudado a vencer los escrúpulos que sentía en responder a su carta. Yo esperaba que, espontáneamente, rectificara el tono y contenido de la misma»

La lista incluía la friolera de ocho documentos. Entre ellos, la «justificación detallada de los ingresos que por todos conceptos ha obtenido el Gobierno de Euzkadi durante el período comprendido entre el 18 de julio de 1936 y el 18 de julio de 1937» o «las inversiones realizadas por el Gobierno de Euzkadi en favor de la población vasca evacuada en el extranjero y organismos y delegaciones mantenidas hasta el 31 de enero de 1939, con su costo».

En palabras de Negrín, los mencionados informes eran básicos para que la Hacienda gubernamental obrara con equidad «no solo con la población vasca, sino también con el resto de ciudadanos españoles evacuados dentro de las posibilidades de la República española». En sus palabras, sin conocer estos datos le resultaría imposible saber si su decisión era injusta para el resto de refugiados. Por último, hizo referencia a que no se sufragarían los gastos que el PNV hubiera hecho sin autorización superior. Dejó claro, en definitiva, que era él quien debía pedirle cuentas.

Aguirre no respondió. Fue en este punto donde terminaron sus pretensiones. Sin embargo, Negrín no olvidó la afrenta y, cuando el 1 de abril fue ratificado en su cargo (a pesar de hallarse en el exilio) escribió un último mensaje al Lendakari. A nivel oficial, lo hizo en respuesta la misiva del 28, que había obviado de forma previa:

«El afecto y aprecio que le profeso me han ayudado a vencer los escrúpulos que sentía en responder a su carta. Yo esperaba que, espontáneamente, rectificara el tono y contenido de la misma, que usted, con un eufemismo modesto, califica de “crudo” y que yo preferiría imaginarme que no son de su inspiración propia. Tan pronto reciba su respuesta someteré la cuestión a examen de Gobierno, y si así lo estimáramos, de los miembros de la Diputación Permanente y de los Partidos, para que tengan el debido informe sobre nuestra resolución».

Fuente:
https://www.abc.es/historia/abci-bronca-entre-nacionalismo-vasco-y-negrin-ultimo-tesoro-republica-201909230105_noticia.html

 

 

Las 13 rosas, otro mito de la izquierda que gusta a la clase política

Juan E. Pflüger

Las 13 rosas, nombre con el que se conoce a 13 jóvenes fusiladas el 5 de agosto de 1939 tras ser condenadas por un tribunal, son una clara muestra de la “corrección política” impuesta desde la izquierda. La misma placa que colocó el Ayuntamiento de Madrid en 1988 en el lugar en el que fueron fusiladas ya deja clara la fábula montada desde la izquierda radical que ha calado en la sociedad. En dicha placa se puede leer que “dieron su vida por la libertad y la democracia”, una mentira que demostraremos en esta entrada de blog. Pertenecían, en su mayor parte, a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) la rama juvenil del comunismo en España que aspiraba a implantar en nuestro país un régimen tan libre y demócrata como lo era el de Stalin en la URSS, país desde el que se financiaban y al que había escapado, tras la Guerra Civil, su máximo dirigente: Santiago Carrillo.

Las JSU, a las que pertenecían la mayoría de las 13 rosas, habían tenido una destacada participación en la represión republicana en Madrid durante la Guerra Civil. No en vano, esta organización política controlaba y dirigía directamente cinco checas donde se torturó y asesinó a cientos de personas. Está perfectamente documentado en los papeles del PCE que bajo control de su organización juvenil se encontraban las checas de Mendizabal 24, la de la calle Rimundo Lulio, la de Santa Isabel 46, la del Convento de las Pastoras de Chamartín y la de la calle Granda 4. Además, participaron en la acción represiva de varias otras cárceles de partidos políticos y tuvieron un papel destacado en las sacas cometidas para asesinar a miles de presos sin mediar juicio alguno. Quienes las presentan como garantes de la democracia suelen olvidar, entre otros, este detalle: a ellas se les juzgó, pero ellas participaron en una organización que asesinó sin juicio a miles de personas y que, en el momento de ser detenidas, se había convertido en un grupo terrorista dirigido por José Pena, Severino Rodríguez y Federico Bascuñana.

Las 13 rosas fueron condenadas a muerte, pero no estaba prevista su ejecución hasta que el 29 de julio de 1939 un comando de las JSU asesinó al comandante Isaac Gabaldón, a su hija Pilar de 16 años –hubiera cumplido 17 unos días después- y al chofer que conducía el vehículo, Luis Díaz Madrigal. La acción terrorista decidió a la autoridad judicial a la ejecución de las sentencias de muerte que se encontraban paralizadas. Entre las casi 70 sentencias se encontraban las de las 13 rosas.

Varias de ellas eran destacadas dirigentes y activistas del grupo terrorista en el que se habían convertido las JSU:

Ana López Gallego era la responsable de la rama femenina de las JSU. Recibía órdenes directamente de Manuel González Gutiérrez y había tenido una destacada participación en la organización del atentado frustrado que pretendían realizar durante el Desfile de la Victoria y que tenía como objetivo el asesinato de “la mayor cantidad de público asistente”, como declaró ante el juzgado la propia terrorista. Su cometido era el trasporte del explosivo, para ello se valía de jóvenes militantes de entre 15 y 17 años que por su edad, no levantaban sospechas.

Joaquina López Laffite fue la secretaria general del Comité Provincial de las JSU. Su casa se usaba para celebrar las reuniones de dicho comité y en ella se planificaron varios de los atentados que prepararon desde la organización juvenil comunista. Había organizado una red, en la que participaban varias de las 13 rosas, que preparaba a jóvenes comunistas para que intimaran con falangistas a los que sacaban información para señalar las víctimas de sus atentados.

Carmen Barrero Aguado era miembro del Comité Nacional de la organización y una de las personas de mayor responsabilidad en la toma de decisiones junto a Pena, Rodríguez y Bascuñana.

Pilar Bueno Ibañez era la mano derecha de López Laffite en el Comité Provincial y el enlace de ésta con Barrero.

Dionisia Manzanero Salas era la responsable de mantener el contacto entre las diversas ramas del grupo terrorista y rendir cuentas ante Bascuñana, dirigente encargado de los comandos terroristas que perpetraban los atentados.

Ante estos datos sorprende que políticos, partidos y personalidades de diversos ámbitos sigan brindando homenajes a quienes se convirtieron en terroristas tras resultar derrotados en una guerra.

No solamente los actuales dirigentes de las Juventudes Comunistas, desde Podemos a representantes de Ciudadanos no tienen ningún empacho en mostrar su admiración por estas 13 mujeres condenadas a muerte, pero que callan sin ningún rubor ante los miles de asesinatos cometidos por ellas y sus asociados durante la Guerra Civil.

Esta forma de actuar no ha pasado desapercibida entre los usuarios de redes sociales, especialmente Twitter, que han afeado su conducta a quienes muestran esta “memoria histórica” selectiva vendida a la corrección política impuesta desde los sectores de la izquierda más radical española.

01 septiembre, 2015

Fuente:

Las 13 rosas, otro mito de la izquierda que gusta a la clase política

 

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